Por: Ceremonias
Mié, 16/05/2012 - 11:13am

Carlos Fuentes y la omniscencia

Alexis Ravelo

 

Anoche, al llegar a casa, recibí una llamada de mi pareja, quien me contaba que había fallecido Carlos Fuentes. No sé si las casualidades existen, pero la semana pasada, después de haber estado mucho tiempo sin frecuentar sus libros o acordarme de él, me encontré, estando en otra isla, con un señor que se le parece mucho y a quien le hice notar esa semejanza física y con quien hablamos sobre la grandeza de Fuentes (una coincidencia que podría parecer extraída de un cuento de Cortázar, pero que para mí es más frecuente de lo que parece; de hecho tengo un amigo escritor que me ruega constantemente que no me acuerde de él).

 

He pensado mucho sobre la utilidad o no de escribir esta entrada. Mientras lo hacía, ya otros mejores que yo, que conocen su obra con mayor profundidad o que, incluso, le conocieron personalmente y hasta fueron amigos suyos (Juan Goytisolo, Juan Cruz o Mario Vargas Llosa, quien, por cierto, hoy está en esta ciudad en la que habito) ya poblaban las redes con sus opiniones y sus recuerdos. Incluso con su dolor, en el caso de los amigos.

 

Yo no conocí personalmente a Carlos Fuentes. Incluso, en los últimos años, no lo he leído con demasiada frecuencia: hay muchos autores, hay muchos libros, hay mucho afán por evitar que se nos queden títulos en el tintero, hay demasiado poco tiempo. Y, no obstante, Fuentes tiene algún lugar especial en mi memoria de lector, donde le guardo un viejo ejemplar de Club Bruguera de La muerte de Artemio Cruz, el descubrimiento (por intercesión de Eduardo González Ascanio) de Ambrose Bierce, algunas reflexiones sobre Juana Inés de la Cruz y sobre Onetti y sobre Rulfo.

 

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