Fue "el niño de la playa" y el "guardián de la playa". Las dos cosas a la vez. Tiene 77 años, tres hijos y durante 8 años, a finales de los años cincuenta, se encargó de vigilar el acceso a Playa del Inglés, un paraíso que aquél chiquillo de 13 o 14 años controlaba con disciplina. Una barrera de madera situada a la altura de lo que hoy es la Avenida de Gran Canaria impedía que nadie entrara a la playa sin un “pase” con la firma de sus jefes, Alejandro del Castillo padre. "Yo no dejaba pasar a nadie aunque a veces hacía la vista gorda si me daban una propinilla…". Peña fue además, junto con su hermano menor y su padre el que fabricó las primeras casetas de la zona; primero las hizo con ramas secas, después con lonas de manera que aquí tienen a un personaje anónimo que hoy adquiere actualidad porque el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana celebra los 50 años de la proyección al mundo de Maspalomas como zona turística y se plantea homenajear a Juan Peña y a otros que como él t impulsaron la zona desde sus modestas posibilidades. Esto es un empeño personal de su acalde, Marco Aurelio Pérez.
Su infancia y adolescencia la vivió Juan en las playas del sur y fue por eso por lo que una tarde siendo un chiquillo, "negro como el carbón", Don Alejandro del Castillo padre, ya fallecido, le encomendó una singular tarea. "Juan", le dijo, "los domingos no deje usted entrar a nadie a Playa del Inglés. No abra la cancela", ordenó. La orden era expresa para el acceso de coches y Peña, leal y orgulloso de su responsabilidad realizó el trabajo con eficacia hasta que abandonó aquellos parajes para casarse con Conchita, su cuñada, que había enviudado, era madre de dos hijos, sus sobrinos, e instalarse en una casita de Maspalomas.
Entrada original en el Blog de Marisol Ayala.
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