La Sanidad canaria vive una mala época, una mala racha. Las quejas ciudadanas y profesionales se multiplican porque todo indica que al amparo de la crisis han cortado sin mirar y el bisturí sigue activo y afilado. Los recortes en el sector afectan de manera brutal a determinados servicios asistenciales que van desde cierre de quirófanos, limitación o suspensión de intervenciones quirúrgicas, listas de esperas que se eternizan, servicios de urgencias desbordados o enfermos mayores dando tumbos. En ese escenario comienza a dar un poco de miedo ponerse malito si no disponemos de un seguro privado que garantice una cama y la presencia de un señor con bata blanca que nos consuele. ¿Garantía de curación?, no, pero de los males, el menor. El crédito y del prestigio que históricamente ha tenido la sanidad canaria comienza a sufrir cierto deterioro de imagen; el desánimo y la frustración se pasea tan campante por los atestados pasillos hospitalarios como quien pretende quedarse a vivir. Esa es una realidad palpable.
Sin embargo, parece que para la Consejera de Sanidad del Gobierno Canario, la osada y muy trabajadora, Brígida Mendoza no solo la sanidad canaria alcanza una nota alta, con un 9 la puntuó hace unos meses, sino que realiza declaraciones que revelan que anda un poco perdida, como dando palos de ciegos por dos razones que, personalmente, no creo: O no conoce los entresijos (que lo dudo porque Mendoza tiene una larga experiencia en la medicina privada y pública) o le han impuesto un equipo incapaz de tirar del hilo que desande la enredada madeja. Ella sabe bien porque experiencia le sobra que los males de la sanidad canaria no son nuevos pero que en época de “majo y limpio” la situación alcanza niveles de gravedad lo que sin duda tienen mucho que ver con un desastre organizativo por los siglos de los siglos de los siglos. Detallo algunos brochazos de esa histórica incapacidad organizativa. Hace más o menos un año Diego Falcón, uno de facultativos más valorados de la sanidad canaria, impulsor junto a otros de la construcción Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín hizo unas declaraciones que no hacía más que ponerle altavoz a la realidad que todos conocemos: El Hospital Negrín nació con un concepto asistencial muy alejado del que realiza, dijo. No nació para que enfermos crónicos, enfermos sociales, ocupen una porcentaje de camas que Falcón situó en un 40%. El mal del uso del Negrín ya lo había denunciado con anterioridad la Junta Técnico Asistencial del centro médico al tiempo que un grupo de internistas del centro no entendían, y también lo denunciaron, por qué los Centros de Salud que nacieron con vocación de “mini servicios” de emergencias para aliviar el tapón de las urgencias nunca funcionó como tal. Son muchas las cosas que cuesta entender en nuestra sanidad como por ejemplo, escuchar de qué manera los gestores sanitarios le echan en cara al sufrido enfermo atreverse a acudir a urgencias hospitalarias y no pasar antes por su Centro de Salud. Qué bien se baila cuándo te marcan el paso. Puentear al SCS es una vieja picaresca que el enfermo canario ha utilizado porque sabe de antemano que acudir a su ambulatorio supone perder el tiempo; cualquier duda que asalte a su galeno le animará a desviarle a un hospital de manera que así gana dos cosas, tiempo y mejor asistencia. Partiendo de la base de que cuando estamos malitos queremos que nos vean los mejores, sabido y comprobado está que los mejores médicos, la mejor atención sanitaria la atesoran los hospitales públicos y el enfermo lo sabe.
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