Por: Pedro Socorro
Lun, 18/06/2012 - 12:35pm

La tumba de un hundimiento

En el viejo cementerio de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, se levantó en 1892 un mausoleo que recuerda a todas las víctimas del hundimiento del trasatlántico italiano Sud América con una inscripción en la que se puede leer la frase 'La carità della Patria lontana ai suoi figli' (La caridad de la Patria lejana a sus hijos). La sepultura recuerda lo ocurrido en 1888, cuando el Puerto de La Luz fue escenario de la mayor catástrofe marítima ocurrida hasta la fecha en Canarias. Al menos 79 personas perecieron ahogadas

Los restos mortales de las víctimas del accidente del vapor italiano Sud América descansan en el cementerio de Vegueta, bajo un hermoso mausoleo de mármol del Carrara. El monumento funerario fue costeado con las cantidades obtenidas en un concierto multitudinario celebrado en el antiguo teatro de Las Palmas y en el que intervino el célebre tenor italiano Roberto Stagno (1840-1877). El tenor había llegado a Gran Canaria tres días después de la catástrofe, en viaje de América a Europa, y aprovechó la breve estancia en Las Palmas para ofrecer un concierto en memoria de sus paisanos.

 

El accidente marítimo ocurrió a las cinco de la mañana del 13 de septiembre de 1888, cuando el trasatlántico italiano Sud América perteneciente a la flota de La Veloce con 260 pasajeros, 69 tripulantes y 1258 toneladas de carga, llegaba al puerto de Las Palmas, procedente de Buenos Aires, y se dirigía al fondeadero para carbonear y seguir su ruta hacia Génova, su puerto base. A esa hora, con un mar tenso y tranquilo, y un sol que se levantaba espléndido y sin nubes sobre el horizonte de Las Palmas, según reseñaba el periódico El Liberal, fue abordado de proa por el vapor francés La France, de 4.600 toneladas, que en ese instante abandonaba la bahía para seguir viaje hacia el Río de La Plata con más de 300 pasajeros y tripulantes a bordo.

 

La colisión se produjo cuando la mayoría del pasaje estaba descansando, lo que incrementó el espanto y la confusión. El buque italiano se hundió en cuestión de minutos. ¡Diez minutos de indescriptible angustia!, relataron los medios de la época. Los mástiles de madera del buque se vieron asidos de gente, que trepaba por ellos a medida que el buque iba sumergiéndose a unos 15 metros de profundidad.

 

Cuenta el periódico El Liberal que la escena que siguió inmediatamente al abordaje fue tan espantosa como indescriptible. Los pasajeros que iban a bordo del Sud América, despertando al empuje de aquel formidable arriete, se lanzaron en gran número a medio vestir sobre la cubierta, y allí hombres y mujeres, ancianos y niños, en confuso desorden, corren locos de terror de un extremo a otro del buque, dando gritos espantosos, que se confunden con la estridente señal de auxilio que escapaba del herido vapor.

 

Bajo las aguas perdieron la vida el primer oficial Tomasso Gallucci, otros cuatro tripulantes y setenta y cuatro pasajeros, entre los que se encontraban los doce tripulantes del velero Minerva que habían sobrevivido al naufragio de su pequeña goleta, hundida días antes frente a las costas del Brasil, y que eran repatriados en el Sud América. En esta ocasión, el destino no les concedió una segunda oportunidad.

 

El resto de pasajeros lograron salvar la vida gracias a la rápida actuación de muchos pescadores y marineros de Las Palmas, que colaboraron en las tareas de salvamento de los náufragos. También hay que destacar la inestimable ayuda que prestaron los tripulantes de las falúas y botes que se hallaban en las proximidades del lugar donde se produjo el siniestro, entre ellas la falúa de Sanidad Exterior con el doctor José María Champsaur Sicilia a bordo, cuya heroica actuación en el salvamento de las víctimas, junto a otros compañeros de profesión, mereció que fuera nombrado miembro de honor de la Real Orden de la Corona de Italia. Poco después, en 1893, tuvo la desgracia de perder a su hijo mayor, de 19 años, ahogado cerca del muelle de Las Palmas.

 

El Sud América había sido construido en Inglaterra por Wigham & Richardson de Wallsend en 1871 junto con otros dos buques gemelos y se encontraba asegurado en 800.000 liras oro por la Società Italiana di Assicurazioni. Los consignatarios en Las Palmas de las dos navieras eran Salvador Cuyás, de La Veloce, propietaria del buque siniestrado Sud América, y la Casa Miller, de la Sociedad Francesa de Transportes Marítimos, que lo era del vapor La France.

 

Un enfrentamiento judicial se inició tras el grave accidente. No faltaron ni las polémicas ni las noticias en la prensa de la época. El capitán Raymon Verd del La France atribuyó toda la culpa al trasatlántico italiano, pero la investigación efectuada por las autoridades de Las Palmas exculpó al capitán del Sud América y  condenó a la parte contraria al pago de los daños y demás gastos. "El abordaje ocurrió por descuido o temeridad del capitán francés, siendo responsable La France del daño causado", sentenció el veredicto del Juzgado de Primera Instancia de Las Palmas sobre un naufragio de hace 124 años.

 

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