Arriba, parias de la Tierra, que la poesía nos convoca. Esa odiosa nación que nunca fue, ese imperio astroso, ese conquistador que resume todos los males de los malos contra los buenos, ha decidido represaliar al noble pueblo argentino. Noble pueblo extenuado para siempre por la herencia y la injerencia de España, el nombre impronunciable para una persona que se cuide de serlo, que se sepa digna y progresista.
Argentina, nuestra hermana en la lucha anti española, está hoy en horas de dolor y sufrimiento, gran país que merece y necesita del apoyo de todos nosotros, los oprimidos por el yugo fascista, bereberes, vascos, catalanes, indios de toda condición, celtas redivivos, fenicios, almorávides y omeyas, juntos contra la imposición a sangre y fuego del único pueblo asesino, ladrón y dictador.
Hemos de postularnos de inmediato, que a la larga puede saberse una verdad que no sea la nuestra, y no es conveniente dejar pasar esta oportunidad histórica para imponer lo que nosotros sabemos, comunistas que somos, discípulos preclaros del único líder que de verdad ha tenido el Planeta, sólo estorbado por esos imperialistas de la democracia burguesa a quienes más pronto que tarde vamos a derrotar.
¿Qué nos cuenta a nosotros Europa, su falsa religión, su decadente cultura, su sumisión a los placeres materiales, al hedonismo? Desterremos de nuestras cabezas cualquier propaganda que favorezca sus estúpidos planteamientos y estemos al lado de nuestros hermanos argentinos.
Ellos son espejo donde mirarse, donde relucir nuestras querencias. Ellos han sido capaces, en apenas dos siglos, de destrozar un inmenso futuro con sus dictaduras y sus cacicadas, todas por culpa de España, claro está.
Ellos han desterrado a sus mejores lumbreras, que han debido exiliarse en Europa, necesario cómplice de sus libros, sus poemas, sus canciones.
Ellos han sabido hacer un régimen militar como hay que hacerlo, a lo grande, tanto que fue una pena que no tiñeran de rojo sus banderas y se limitaran a hacerlo con las calles del país, con el suelo de las cárceles, dando ejemplo de lo que es la Ley y el Orden. Y no como esos estúpidos españoles, a quienes pediremos cuentas por sus monstruosidades gracias a nuestro aliado, el gran Garzón.
Ellos dieron al mundo a uno de los grandes comandantes de nuestras canciones y amoríos, para ser tildado nada menos que de terrorista por estos estúpidos europeos.
Ellos, en el paroxismo de la erudición y la evolución filosófica, tienen un Dios futbolista y drogadicto.
¡Ha llegado la hora! Ataquemos a España, nuestro enemigo. Que aquí lo que importa es joder al gobierno, nosotros tenemos la pobreza asegurada.
¡En pie, famélica legión!
… Desperté. He vuelto a quebrar un juramento otra vez. No vuelvo a leer un jodío libro, siempre me digo. Pero no hay manera. Supongo que debo ir a ver a algún obispo que me cure de esto.
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